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Batalla de Torata

Batalla de Torata

El domingo 19 de enero de 1823 sucedió lo inevitable, las huestes patriotas y realistas se enfrentaron en Torata. Cerca de las nueve de la mañana echaron raíces las espadas y los proyectiles, los gritos, lamentos y las arengas. Los iracundos plomos surcaron la densa neblina y polvareda que reacia arrebujaba el valle, las montañas y quebradas; el polvo denso ahogó las febriles agallas. Los minutos se hicieron horas y las horas mediaron al voraz sol y el sol fue ocultado por densas nubes y a su ocaso una copiosa lluvia refrescaba la sedienta tierra teñida en sangre.

Valdez retrocedió lentamente a las alturas de los cerros que ocupaba. Los batallones N° 5 y Granaderos de los Andes, al mando de Alvarado, embistió en columnas paralelas. Los patriotas avanzaron firmes, escalando los cerros, acorralando al enemigo que se replegaba estratégicamente en las alturas. Cerca de las cinco de la tarde, cuanto todo advertía una victoria a los patriotas, emisarios de Canterac informaban de su pronta llegada; este mensaje cobró ánimos sobre el enemigo de la América libre y soberana.

Los batallones N° 1 y N° 2 del Perú avanzaron firmemente por la diestra, resguardados por la caballería de Granaderos de los Andes y dos piezas de artillería; al centro el regimiento del Río de la Plata y por la siniestra los batallones N° 4 de Chile y N° 11 de los Andes, teniendo como reserva al batallón N° 5 de Chile. El batallón N° 4 de Chile estuvo conformada principalmente por indios y pardos (mulatos) peruanos sin conocimientos bélicos, uno de estos soldados fue don José Bernardo Alcedo Retuerto (hijo del médico cirujano don José Isidro Alcedo y de la liberta doña Rosa Retuerto), compositor de la música del Himno Nacional; formó parte del batallón y participó en las batallas de Torata y Moquegua, así como en otras acciones militares. Como teniente de caballería se encontraba don Domingo Nieto, que contaba con diecinueve años de edad. En Torata y Moquegua participaron además los coroneles don Cirilo Correo, don Francisco Antonio Pinto, don Felipe Santiago Salaverry y don Eugenio Necochea.

Por su parte, los realistas se atrincheraron en las alturas; al flanco izquierdo el batallón del Centro y parte del batallón Gerona y cincuenta miembros de los Cazadores Montados; en el flanco derecho se desplegó la otra fracción del batallón Gerona; el grueso de la caballería les cubrió el paso.

El ímpetu y el cansancio de la batalla nubló el buen juicio de los patriotas, los batallones N° 4 y N° 11 se adelantaron desordenadamente sobre la diestra realista, el resto del ejército se halló bajo el fuego enemigo.

—¡Viva el Rey!— alzó la voz Amaller; las tres compañías del batallón Gerona a su mando, conformado por españoles peninsulares, traspasaron con sus bayonetas a las desordenadas filas patriotas. El batallón N° 5 de Chile fue arrastrado en el desorden y el sacrificio, este batallón componía la única reserva de los patriotas. El realista don Domingo Echizárraga, 2° jefe del batallón Gerona, arremetió contra el regimiento del Río de la Plata.

—¡Venid, españoles, venid y probad el valor de la Legión!— respondió el teniente coronel don Pedro de la Rosa al mando de los batallones N°1 y N° 2 de Perú. Espartero arremetió, a su mando estuvo el batallón del Centro; fueron reforzados por la caballería realista de los Granaderos de la Guardia, los Dragones de Arequipa y a los Cazadores Montados.

Entre bajas considerables, 500 muertos y 1,000 prisioneros aproximadamente, las fuerzas patriotas al mando de Alvarado se replegaron a Moquegua.

Los realistas sumaron 250 bajas, entre los muertos se hallaba el teniente coronel Asín. Las fuerzas realistas cargaban con el botín de guerra: armas, animales y dinero. Sin lugar a dudas el héroe realista fue fray Alvino Odena, religioso franciscano y capellán del escuadrón de Dragones de Arequipa; marchó proveyendo consuelo a las angustiadas almas españolas y patriotas dispersas en el campo de batalla, sostuvo la cabeza de los agónicos soldados, enjugó sus lágrimas y cerró sus ojos entre plegarias; dio de beber, alimentó y vendó las heridas de los lesionados y proporcionó consuelo a los prisioneros de guerra. Al día siguiente las huestes de Canterac daban encuentro a Valdez, esto fortificó el ejército que sumó 1,765 soldados de infantería y 757 de caballería, número similar a la de los patriotas que se reponían en Moquegua.

Fuente:
Tradiciones moqueguanas. Tomo II

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